Alzar la voz implica acción

“La izquierda mexicana no tiene un representante actual que pueda defender sus ideologías”. Mientras me encontraba en la oficina esta frase llamó mi atención a un grupo de personas explicando lo ocurrido en la Universidad Iberoamericana y el candidato a la presidencia de México, Enrique Peña Nieto. Ante la afirmación, otra voz se alzó para dejar claro “Pero la derecha tampoco lo tiene”, haciendo énfasis en el daño que la derecha ha causado en el país. De un momento al otro las voces comenzaron a alzarse lanzando al ruedo nombres como Clouthier y Cárdenas. Lo acalorado de la discusión continuó por unos minutos hasta que por cuestiones de trabajo tuvo que terminar abruptamente sin llegar a un acuerdo y dejando algunos resentimientos evidentes.

Conferencia Peña Nieto en la Ibero (liga al video completo)

Esta escena es sólo un ejemplo de lo que ocurre hoy en día en nuestro país. Recientemente en México estamos iniciando un proceso electoral que ha detonado la explosión de opiniones y comentarios, tanto en los ámbitos privados de la sociedad como en los espacios más públicos y libres de las redes sociales. Cada espacio tiene sus particularidades, pero en todos se alzan voces justificadas –y no tanto– sobre el futuro o la falta de él de México. Las conversaciones giran en torno a seguridad, educación, narcotráfico y violencia. La gran mayoría afirman que México necesita un “mesías”, un salvador que baje con los ejércitos de la soberanía y justicia en la mano y dirija a los ejércitos hacia un futuro brillante.

Nada me puede parecer más peligroso para el futuro de México.

Los espacios públicos nos han dado la voz, y nos hemos encargado de alzarla para señalar los errores de todos los actores políticos de México. Todas sus fallas, sus desaciertos, su falta ética y honestidad que han llevado a México a una espiral de enconos y desencantos.  Sin embargo, poco hemos hablado de la labor que nos ocupa como ciudadanos el derecho que implica alzar la voz.

Alzar la vos implica acción. De nada nos sirve que la derecha, la izquierda o el centro lleguen al poder, si como sociedad no alzamos la voz y nos ponemos a trabajar. Seamos numéricos, porque lo que hemos aprendido en fechas recientes, es que los números impactan. Supongamos que 1 millón de personas trabajen directamente en la política mexicana. Después tenemos que asumir que hay 50 millones de personas en pobreza o pobreza extrema que por sus condiciones difícilmente sienten o pueden mover cambios – y quiero ser muy cuidadosa en este tema, ya que conozco de primera manos, personas en condiciones desesperantes con una resiliencia que ya quisieran los más privilegiados–. Después, asumamos que tan otro millón de personas vivan en condiciones de extrema riqueza, a las que poco importa el sistema, los gobiernos y los movimientos sociales por no intervenir directamente en su vida cotidiana. El resto, 60 millones de personas, son clases bajas, medias y medias altas que están día a día involucradas y afectadas por los eventos del país. Son 60 millones de personas que tendrán que alzar la voz y ponerse a trabajar.

Es lamentable que más del 50% del país esté sólo limitado a quejarse del quehacer del menos del 1% de su población. No basta con quejarnos y gritar en las calles que las cosas tienen que cambias, eso es evidente hasta para el más indiferente de los habitantes, tenemos que lanzar junto con nuestras quejas, qué compromisos estamos dispuestos a asumir para que las cosas cambien. ¿Qué tanto estamos dispuestos a hacer para asegurarnos que México tenga el futuro que queremos?

Dejar todo en manos del gobierno no funciona. Los países del primer mundo, y los que van hacia allá lo saben. La sociedad tiene que asumir un rol activo en la transformación de las condiciones actuales. No digo que todos tengamos que asumir un rol político activo –que por congruencia deberíamos–, hay acciones más simples. Que tal barrer la calle, no tirar basura, respetar las señales y reglamentos. Que tal no usar los espacios destinados para discapacitados en los supermercados a menos que se requieran, o no sentarse en los vagones reservados para mujeres y niños aunque estén vacíos. No pasarse un alto, respetar al peatón, formarse para realizar un trámite, cumplir con los estatus –nos parezcan útiles o no–, donar lo que nos sobra a las obras que atienden a los menos favorecidos… ¡qué tal cruzar las calles por los puentes peatonales!

Que tal ser ciudadanos que enseñen a sus gobernantes que estamos dispuestos a hacer las cosas bien, a cumplir con nuestras obligaciones, porque también vamos a empezar a exigir nuestros derechos.

Alzar la voz, sin compromiso, sin acción, es lo mismo que gritar en un mundo de sordos. Si realmente queremos demostrar nuestro compromiso, nuestra verdadera convicción de mejorar al país, empecemos por hacer lo que nos toca, por cumplir lo que tenemos que hacer, para poder exigir lo que nos corresponde.

Si alzamos la voz y ofrecemos alternativas y soluciones, ningún gobierno, del color e ideología que sea, podrá decirnos que no puede cumplir su trabajo porque las condiciones sociales no se los permiten. Seamos jueces y ofrezcamos soluciones.

Es verdad que sólo México puede salvar a México, pero sólo si entendemos que no importa quién gobierne, porque como ciudadanos empezaremos, TODOS, a vigilar que las leyes se cumplan y estaremos dispuestos a obedecerlas. Que alzaremos la voz ante las injusticias y estaremos actuando para evitar que vuelvan a pasar.

Por eso creo, verdaderamente, que alzar la voz implica acción.

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