La TV es mala maestra.

Este libro en general trata la problemática del papel de la televisión en la educación de los niños.

Los dos autores principales, Popper y Condry, muestran tesis muy distintas acerca de este problema, aunque siempre bajo la premisa de que “La televisión es mala maestra”, y su influencia en la sociedad, pero principalmente en los niños, es crítica y debe ser controlada.

Ambos autores están de acuerdo en que el contenido actual de las televisoras es de pésima calidad, pues está regido por la “Ley del rating”, y se le da a las personas lo que “piden”, provocando un círculo vicioso, pues están acostumbradas a programas de bajo nivel informativo e insípidas, que las televisoras “condimentan” con violencia y sexo.

Sin embargo, Popper reconoce que la TV tiene mucho poder, y que esta gran influencia puede ser utilizada también con fines positivos, el problema está en vencer el poder del dios “rating”, y preocuparse por el contenido de las emisiones, haciéndolas informativas y a la vez divertidas.

Pero esta crítica no se queda ahí; Popper propone como solución la creación de un tribunal responsable de dar y retirar una “cédula profesional” semejante a la de los médicos. Todo el equipo de producción deberá crear un contenido de calidad en la televisión, so pena de perder la cédula y su trabajo.

A simple vista parece una solución muy utópica, pero podemos observar que en el caso específico de los médicos ha funcionado, y no hay razones para pensar que no podría funcionar con las televisoras. El único problema sería definir y delimitar lo que es “Televisión de calidad”, lo cual, según mi opinión, podría estar en manos de una comisión calificadora formada por psicólogos, comunicólogos, pedagogos y padres de familia.

Condry es mucho menos propositivo, y critica la televisión inculpándola de una gran cantidad de problemas que presentan los niños estadounidenses, desde familias disfuncionales hasta suicidios y homicidios. Todo esto, según este autor, debido a la gran cantidad de horas (40 a la semana) que pasan los niños frente a la “caja mágica”, y el ambiente que los programas de baja calidad que actualmente se transmiten contribuyen a crear.

Otro de los problemas de la influencia de la TV en los niños, es que estos aprenden a través de ella la realidad social que los rodea, papel que antes desempeñaban los padres. Los niños, por tanto, aprenden acerca del mundo por este medio, y lo imitan; el problema es que no siempre la TV refleja la realidad, y los niños no cuentan con un sistema de racionalización maduro para distinguir la realidad de aquello mezclado con fantasía. Incluso los adultos se ven afectados en ocasiones por este problema.

Algunas consecuencias de la exposición prolongada de los niños a la TV, en las cuales concuerdo con Condry, es la disminución de la lectura y los juegos en los niños, y la obesidad. En definitiva estos problemas son una consecuencia directa, pues la televisión hace perder tiempo valioso que podría ser utilizado en otras actividades. Sin embargo, ¿acaso no la escuela y las tareas también hacen que los niños lean y jueguen menos y que se vuelvan obesos al no hacer algún deporte?

Esto nos lleva una vez más al problema del contenido, pues si la TV tuviera un contenido rico en información y sumamente útil, entonces valdría la pena perder el tiempo con la TV tanto como vale la pena hacerlo con la escuela y las tareas.

Pero Condry afirma que la televisión se ve afectada por la mercadotecnia, pues prostituye su contenido para lograr su objetivo: Comercializar y vender productos. Así nos enfrentamos de nuevo con el problema del Rating sobre la calidad. Si a esto agregamos que la estructura de valores de la televisión se encuentra dirigida precisamente a la mercadotecnia, y promueve valores superficiales como la belleza y el placer, dejando atrás otros más importantes, podremos entender la tesis de Condry.

Condry propone una solución parcial al problema. Habla de una formación pedagógica en los niños para ser telespectadores críticos y comprender y discernir el contenido de la televisión, así como de la responsabilidad de los padres de limitar la exposición de sus hijos a este medio.

Sin duda este libro es un análisis profundo y rico de la televisión y su influencia en nuestra sociedad, principalmente en los niños, y nos muestra puntos de vista muy distintos, aunque con elementos comunes acerca de esta problemática, ofreciendo también algunas soluciones al problema.

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