Lo que más quieres

Si la vida me concede sólo una cosa, que sean instantes. Tantas veces te oí decir esas palabras que se me volvieron habituales y no fue, sino hasta hace poco que paré mi obsesionado devenir, para pensar qué significan. Instantes, tan sólo instantes. Por extraño que parezca nos perdemos día a día en un mundo que nos exige olvidarnos de los pequeños momentos y concentrarnos en los grandes logros; por suerte, tú nunca fuiste así.

Tu vida no fue, por mucho, lo que se suponía tendría que ser. No sé si por fortuna o desgracia los dioses te regalaron una belleza excepcional. Lo extraordinario de tu belleza se reflejaba en tus palabras. Mirarte y escucharte eran placeres tan deliciosos que sólo un niño con su dulce favorito podría entenderlo. Fue así que un día ajetreado y lleno de gente, me topé con esos placeres.

Aún me pregunto qué fue lo primero que viste en mí. Tengo por seguro que no fue mi impresionante destreza, mi hermosa sonrisa o mis dulces palabras. Nada de eso se podía apreciar en ese momento. Tampoco sé exactamente cómo entré en tu pensamiento o en tu mirada, ya que pasar inadvertida era y sigue siendo, mi juego favorito. Sólo sé que aquel día como cualquier otro, la casualidad nos encontró. Después de tener algunos instantes juntos, dejé de verte.

Pasó el tiempo y la casualidad nos volvió a encontrar. Esta vez la historia sería diferente. Volví a mirarte y descubrí que seguías siendo tan hermoso a la vista como al oído. En ese segundo encuentro no dudaste en enseñarme que a la vida sólo podemos pedirle instantes. Mientras pasaba el tiempo, no podía dejar de pensar que algo en ti era diferente, algo se rompió desde aquel primer encuentro casual. Y seguí encontrándote en el camino. Cada vez que el destino se encargó de situarnos en el mismo lugar, nuestras historias se hacían más profundas, más significativas. La vida nos regaló instantes llenos de magia, donde las palabras se llenan de vida. Fue al final de uno de nuestros encuentros que dijiste lo que atormentaba y oprimía tu corazón.

El beso de Hades alcanzaría tu boca, como la de todos, sólo que tú estabas muy seguro del porqué. Quizá era esa certeza que a todos aterra y paraliza la que te movió a decirme que yo habitaba tu corazón. Para mi enorme sorpresa era yo una visitante habitual de tus pensamientos y una inquilina de tus sueños. En uno de nuestros instantes me descubriste y me encontraste, pudiste mirarte en mí. Pero no eras egoísta; sabiendo como sabías que no podrías estar jamás a mi lado, decidiste que viviríamos el más sincero de los amores: el que se vive por instantes.

Fue así como poco a poco llenaste de instantes mi mundo. Jamás un beso o una caricia, sólo palabras e ideas que aún vuelan por el viento mientras el mundo no deja de girar. Tus viajes constantes te obligaban a alejarte a vivir más instantes lejos de mí que conmigo. Sin embargo, eso no nos impidió amarnos por momentos fugaces donde el mayor regocijo estaba en escucharte hablar de los instantes que la vida te regalaba y cerrar cada uno de nuestros encuentros momentáneos con una frase pura y llena de esperanza: en otra vida y en otro tiempo.

Esa era tu promesa. En tu mente la vida nos regalaría otro instante, en una dimensión diferente, donde por uno de esos azares del destino nos volveríamos a encontrar para volver a enamorarnos. ¿De dónde sacaste la idea? No lo sé, pero estoy convencida que nos llenaba de un cierto alivio el saber que, en ese otro momento, los errores del pasado no nos acosarían como sabuesos en persecución de la presa deseada. En ese otro momento que la vida nos regalaría, podríamos ser felices, satisfechos, imprecisos, imperfectos.

Entonces, gracias y debido a nuestros instantes nos volvimos uno solo. Tú vivías a través de mis historias y yo moría un poco con cada uno de tus suspiros. Sin embargo, la vida te concedió tu deseo y nos llenó de instantes. Aún puedo recordar las veces que vimos la misma película hasta poder recitar de memoria los parlamentos. Todavía están en mi memoria las veces que te dormiste en mis brazos después de una mala tarde de recuerdos. Se grabaron en mi memoria cada una de las peticiones que me hiciste, para asegurarte de que aunque ya no estuvieras aquí, siempre seguirías conmigo.

El deseo de llenarnos de instantes me hizo seguir. La vida nos regaló la palabra perfecta, el momento adecuado y la frase indicada. Lo mejor de todo, tu necesidad de regalarme los maravillosos instantes en que no importaba si era correcta y adecuada, sólo importaba que fuera.

También recuerdo los instantes en que nos permitimos no ser. Atesoro en la memoria cada viaje infinito en la imaginación, cada historia contada pensando en otras vidas y otros tiempos donde podíamos no ser y convertirnos en fantasía. Quizá tu mejor instante era ese breve segundo donde permitías que la vida te llenara de esperanza y deseo de que pronto habría algo más.

Mientras te consumías por dentro, tu mente se llenó de tantos momentos como un anciano de 100 años que una tarde, se sienta a contar sus memorias. Ninguna de ellas de odio o rencor, todas llenas de magia y deseo de ser más, alcanzar más. Contadas en primera persona, compartidas con el mundo donde me encontraba yo, y en ese hermoso espejo de ilusiones, estaba nuestro amor.

En un momento, tal y como llegaste a mi vida, te fuiste. No perdiste una batalla, fuiste a continuar llenándote de instantes a otras tierras. Para los que no te conocieron, tu vida fue un desperdicio; para los que te amamos, fue un manantial. Cada ser que tocó tu vida se llenó de pasión, de fuego. Cada alma que se unió a la tuya con el magnífico bordado del tiempo, se llenó de instantes.

Al final de tu vida de instantes, sólo me dijiste. en otra vida y en otro tiempo. Me llenaste de momentos y alegría y también de terror y tristeza. Contigo aprendí a vivir mi vida por momentos, sin ti aprendí a compartirlos. En noches como esta me pregunto cómo pasarás ahora tus momentos. Seguramente viajando por esos rincones que sólo se alcanzan en los sueños. En noches como esta me lleno nuevamente de nuestros instantes, me lleno nuevamente de ti.

Un día, el que menos me imagine, volveré a entrelazar mis sueños con los tuyos, en esa otra vida y en ese otro tiempo nos amaremos como siempre, de frente y sin mentiras, con certezas y sin temores. Espero con ansias esa otra vida que llegará en ese otro tiempo que tanto nos prometimos, para seguir bordando nuestras sábanas de recuerdos, para seguir llenándonos de instantes; para volver a estar junto a ti.

Al final, resulta ser que lo que más quieres, tus momentos llenos de instantes, nos cambiaron la vida a los dos. Más tarde o más temprano estaré nuevamente junto a ti, porque al final, lo que más quiero eres tú.

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