Dos palabras

Te amo, fueron tus palabras. Con dos palabras después de casi una década de conocernos, empezaste tu carta. Yo me encontraba sumida en mis pensamientos trascendentales de trabajo, responsabilidades y amores a medias cuando, por un error de teclado, abrí sin quererlo mi correo electrónico; ese medio frío y sin fuerza que en ocasiones nos llena de basura que llamamos spam y nos mantiene en contacto, trajo la luz de la sonrisa a mi rostro.

No puedo imaginar qué hizo posible que nuestros caminos se encontraran. A lo largo de nuestra historia hemos compartido desde sueños rotos hasta la conquista de una ilusión. Con el tiempo te volviste una de las partes más importantes de mi vida; lo mejor es que a cambio de tan fabuloso regalo, yo me volví parte de la tuya.

Es increíble la cantidad de preguntas que nos hemos hecho y más sorprendente aún, el número de respuestas que hemos encontrado. No puedo imaginar mi vida sin ti, sin tu rostro que me grita de alegría cuando nos encontramos y sin ese esbozo de malicia cuando comenzamos nuestro café con un simple: te tengo que contar. Al final, sólo estamos tú y yo en nuestro maravilloso mundo alterno donde te amo, es más que una frase y nunca una falsa expectativa.

Y es que en un mundo que busca el amor verdadero, hemos encontrado lo que eso significa. Después de tanto tiempo de conocernos, descubrimos que te amo es la máxima revelación que un ser puede hacer a otro. Que un te amo significa que sufro contigo, río contigo, sueño junto a ti, vivo para ti. No es simplemente esperar una caricia fingida o un beso a medias, es ese abrazo que lo dice todo y lo sueña todo.

No es justo para los que no nos conocen, pero así es. Para aquellos acostumbrados a las etiquetas y los desamores, encontrarse con nosotros es apostarle a lo imposible. Si los dioses nos pusieron juntos, es para formar algo más grande que una pareja o amistad, es para alcanzar la grandeza de lo eterno con una llamada telefónica y consolidar lo sublime con una taza de café. Tras casi una década de estar juntos, hemos creado más que una hermandad, somos una sola alma.

En ocasiones, mis quejas y lamentos te llenan de enojo. Esa molestia que se manifiesta cuando sabes que la persona que tienes enfrente puede ser más, pero se ciega por los pequeños inconvenientes del juego que llamamos vida. Lo sé porque cada vez que tus labios expresan una palabra de desaliento o tristeza, mi corazón también se llena de enojo. Al final, después de casi una década, hemos aprendido a mirarnos sin máscaras y dejarnos llevar por el amor.

Ese amor no es como el de los demás. Es amor verdadero, que se expresa con una mirada de asombro cuando el otro se asombra, que no necesita una caricia para sentirse correspondido, ni un beso para saberse amado. Es un amor puro. Es el amor que todo lo puede y lo espera como mencionó alguna vez San Pablo. Ese amor que todo lo conquista y lo llena con palabras y abrazos. Casi 10 años contigo, me han llevado a comprender que, sin importar las personas que elijamos para llenar nuestros pequeños grandes vacíos, siempre estarán relegadas a espectadores incrédulos del maravilloso lazo de dos almas que se unen por amor hacia el infinito; sin mayor expectativa que tomar otra taza de café y fumarse un último cigarro antes de partir.

Confieso que tenemos rutinas molestas. Tener que aprobar la pareja del otro es una de ellas. Sin duda preocupa tener que pasar el veredicto de tus ojos para cada uno de los hombres que han formado parte de mi vida y no puedo imaginar lo que sienten las mujeres que anhelan compartir tu vida, cuando enfrentan mis palabras de hielo. Supongo que aquellos que quieran compartir con nosotros la vida, deben entender que entre tú y yo hay un amor con el que no pueden competir, porque la competencia es imposible.

Somos como niños. Disfrutamos las cosas simples por el hecho simple de estar juntos. Mojarnos con la lluvia cambiante de verano, nos es tan agradable como pensar en la siguiente carta para nuestros amantes, o como un helado en primavera. Vernos desde la perspectiva de lo humano debe ser desafiante y supongo que sólo aquellos que puedan ver más allá de las apariencias, son capaces de sentarse a nuestro lado y saber que estar juntos nos hace no sólo más fuertes, sino también más humanos.

Ahí estaba yo con mis innumerables quejas y reclamos, mis incontables pequeñas grandes responsabilidades, cuando mis dedos sin querer, abrieron ese correo que ni siquiera sabía que iba a llegar, tal y como ocurre siempre que lo necesito, como pasa cada vez que me necesitas. Una vez más, mis ojos descubrieron en tus líneas las dos palabras que me parten y renuevan. Esas palabras que me hacen ser quien soy y tener la confianza de que alguna vez, alguien se atreverá a descubrirlo. Esas dos palabras que me llevan a creer y mantienen mi fe en la certeza de que, en alguna parte, está Dios mirándonos sonriente, porque hemos entendido lo que decía cuando hablaba de amor.

Tu carta decía más o menos así:

Me parece perfecto que no quieras más migajas en tu vida. Me parece perfecto que te valores a ti misma de la forma como lo haces. Me parece perfecto que no te conformes con cualquier cosa. Me parece magnífico todo eso.

 Personalmente y sin ir más lejos, te amo, que amo cada parte de tu persona. Tu sonrisa, tus gritos cuando te emocionas, tu manera de abrir los ojos cuando algo te sorprende o te gusta. Amo la manera poco convencional en que te vistes, amo como te sientan ciertas prendas y como sacas partido de tu escote. Amo, incluso, tu falsa modestia.

Amo ser parte de tu familia sin ser de tu sangre. Amo la manera en que escribes, me siento honrado de que me compartas tus pensamientos y me fascina la manera en que trasmites tus ideas y sentimientos.

Amo como sonríes, como te ríes, amo tu risa misma.

Amo tus ideas locas, tus proyectos, tu forma de pensar, tus gustos y talentos. Amo tomar café y fumar cigarros; platicar de todo y nada contigo y después, compartirlo con las personas que de pronto llegan.

Amo tu manera de pensar respecto de Dios, de la religión, de la oración y del canto de las aves. Amo verte enamorada y amo verte feliz. Me encantaría verte siempre feliz, pero sé que si estuvieras siempre así, tú misma buscarías conflictos que resolver para salir de la monotonía alegre y encontrar más cosas maravillosas en el mundo.

Amo cuando necesitas un abrazo y temes parecer débil o vulnerable al decirlo. Amo cuando te explayas, cuando hablas y hablas y hablas, y luego ríes. Amo esa capacidad de interlocución y empatía que con el paso del tiempo has desarrollado para acercarte más a los que te importan.

Amo tu seguridad y la manera en que te conoces a ti misma, amo tu autoestima y la seguridad que proyectas; pero sobre todo, amo conocer tus temores y tus inseguridades, esos pequeños detalles que te paralizan por momentos pero que de una forma u otra, sabes sobrellevar hasta el punto de superarlas y dejarlas de lado para salir adelante.

Amo tu corazón perturbado y dolorido que necesita ser sanado por un beso sincero. Amo tu facilidad para querer y confiar; incluso cuando aquellos en quienes confías te han traicionado. Amo la forma que tienes para volver a creer.

Amo la forma como debates tus ideas, sin imponerte pero sin rendirte a las falacias de convencionalismos y costumbres. Amo que cuando el mundo cree que no tienes más que decir, te levantas y expresas el argumento final imposible de rebatir. Amo esa inteligencia que nunca escondes y te hace ser tan tú.

Amo cuando lloras, cuando ríes, cuando te emocionas, cuando saltas, cuando corres, cuando trabajas, cuando divagas, cuando fumas, cuando miras sexy. Amo tu humor negro y tu sarcasmo y la forma como te dejas llevar por tus emociones. Amo compartir tus pasiones. Amo que tus lágrimas corran por tus mejillas por los motivos más extraños y sin sentido.

Créeme cuando te digo que lo último que quiero para ti es una vida de engaños y farsas, donde tus sentidos se distorsionen por un mal momento o una mala decisión. Amándote tanto como te acabo de decir, créeme que lo último que quiero es que te conformes con migajas.

Si al paso del tiempo la vida o las indecisiones te han llevado por caminos equivocados, sé que tienes la capacidad para salir adelante. Si alguien no ve todo lo que yo veo, verdaderamente es un imbécil.

Sólo quería decirte -y quizá mi error fue no saber cómo decirlo-, que no te des por vencida. En ocasiones, la vida se convierte en un trecho largo de sombra, sólo ten presente que si hay una sombra, es porque en alguna parte hay un rayo de luz. En este momento, las horas oscuras de la vida te han llevado por el camino de la desilusión, pero no te quedes ahí. Levanta esa cara y esboza esa sonrisa tan tuya que puede derretir el más inmenso de los glaciares.

Recuerda que un te amo, sin más búsqueda, hace que tu vida sea un lugar mejor. Nuestro amor es ese que no termina con el deseo ni se destruye con la distancia. Ha sido un privilegio compartir este tiempo a tu lado. Es un placer que juntos hayamos descubierto la forma de amarnos que ningún amante ha logrado.

Cuando hablan del amor completo de Dios, creo que tú y yo lo hemos alcanzado. Ese amor que no pretende más que ver feliz a la otra persona, secar sus lágrimas cuando llora y superar juntos las pruebas más difíciles que la vida nos depara. Amo que nos amemos así, sin pretensiones ni más expectativa que la de seguir amándonos.

Pronto, o tal vez más tarde, encontrarás al hombre que te eleve al cielo. Pero ten por cierto que a tu lado siempre me encontrarás, listo para amarte. Deseando con el corazón que llegue aquel que se robe para siempre tu mirada y te llene de los besos más sinceros. Aquel que me pregunte qué hacer cuando tu corazón dude, porque sabrá que en mí hallará una respuesta. Aquel tan inteligente para amarte y nunca soltar tu mano porque vea, que tal como eres, con virtudes y defectos, con tu sonrisa y tus lágrimas, ésa eres tú.

Dos palabras princesa: te amo. Sé fuerte y afronta la vida como sabes hacerlo. Si no has encontrado a ese hombre que sea la respuesta que buscas, es porque desde el cielo lo están preparando para que sea perfecto para ti. Cuando esté listo para descubrirte, aparecerá en tu puerta con un ramo de promesas por cumplir e ilusiones por compartir y no se irá de tu lado. Y ahí estaré yo para darle la mano y entregarle al gran amor de mi vida, suplicándole que no te deje ir, no porque sin él tu vida esté incompleta, sino porque sin ti, su vida no podría ser.

Me despido recordándote esas dos palabras que alegran nuestras vidas.

Un beso princesa.

P.D. Dos palabras.

Dos palabras para ti, mi alma gemela, mi gran esperanza, mi enorme consuelo, mi mejor amigo, el amor de mi vida.

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